sábado, 14 de junio de 2008

EL PODER DE SABERSE PADRE.

Recuerdo cuando pose mi mano sobre su vientre, y con esa magia que tiene la vida estabas tú, moviéndote como loco de alegría…

Ese fue el primer segundo, el primer instante en que me di cuenta que estabas ahí, y que por primera vez sentía la increíble fuerza que tiene el poder de saberse padre… Explicar esa emoción siempre me resulta insuficiente, pero creo que fue el momento exacto en que derroche tanto amor que la vida se rindió a mis pies…

Desde allí en adelante, las nueve lunas fueron mágicas…

Se me llenaba el alma de sueños…

Y mágicos fueron también esos segundos en los que mientras salías del vientre de tu madre te posabas sobre mis manos, y que con la ayuda del medico corte el cordón umbilical que aun latía… Parecías tener mucho frío, pero me di cuenta que rebosaste de vida cuando escuche exclamar ese primer llanto… Inigualable, parecido a ninguno… Sentí que la vida se me llenaba de amor con tu presencia…

Hoy estas creciendo y quiero que sepas que cada vez que te miro se me colma el alma, y siento esa fuerza inexplicable que llega desde aquel primer instante en que te sentí latir en el vientre de la mujer que amo…

Gracias por existir…

miércoles, 4 de junio de 2008

ROSA MARIA.

Rosa Maria llegaba a aquel pueblo donde nadie

la esperaba, bestia atuendos frescos que volaban

con la suave brisa de aquel día primaveral. Bajo

del tren cargando tan solo una valija que

fuertemente aprisionaba con la mano contraria a

la que acaricio con un movimiento casi involuntario

la medalla de la virgen milagrosa que tan sutilmente

colgaba de su cuello… Esbozo una sonrisa, mientras

caía una lagrima pareciendo revelar la nostalgia de

su mirada…

Sus tacones altos se distinguían en aquella vieja

estación, donde cada paso descubría su llegada. Se

acerco a una ventanilla, y a juzgar por su rostro

pareció pedir su boleto de regreso…

Decidió caminar por el anden donde tantas veces

paso corriendo cuando niña para ir a la escuela…

Cruzo el primer paso nivel y desvió hacia donde

aquella calle de tierra se perdía en la inmensidad

del horizonte; Golpeo sus manos, casi al mismo

tiempo que abría el portón de madera, anunciando

su llegada a aquella vieja casa, y en lo que dura un

suspiro, salio un anciano de la mano de un niño:

_ ¡Mama! Exclamo mientras corría desaforadamente

a sus brazos…

Y entre sollozos de alegría lo levanto como mirando

al cielo; Su alma parecía feliz…

En el interior de su valija había algunos juguetes

nuevos, de esos que se ven solo en la gran ciudad, y

envueltos en papel de diario unos cuantos billetes

que había ganado trabajando con su pollera corta y

tacones altos… Mujeres de la vida le dicen algunos…

Lo cierto es que Rosa Maria se sentía viva cada vez

que abrazaba su niño… Su vida cobraba sentido,

y su amor era tan intenso, tan profundo que solo

entre sus brazos se permitía soñar otra vez….