Su Cristo estaba allí, clavado en una cruz… Con la cabeza gacha y coronada de espinas; por sus pies y sus manos corrían ríos de sangre. Parecía estar profundamente triste, derrotado, pero con un sentimiento calmo, sosegado…
Arrodillado, y muy cerca del pulpito, lo contemplaba con la mirada fija; no pudo evitar que una lágrima se resbalara por sus mejillas… Sintió la misma tristeza, la misma sangre que corría por sus venas, las mismas espinas clavadas, la misma derrota. Estaba repleto de sentimientos… Pero por sobre todo sintió su amor; Ese poder que todo lo perdona y todo lo transforma en su más intima naturaleza.
Mientras lo observaba se hizo miles de preguntas, pero cada una de las respuestas parecían no serle coherentes… Nada se comparaba con su amor.
Aún en cuclillas, y todavía sorprendido de sí mismo, se vio con el mismo sentir de aquella primera vez cuando descubrió esa fuerte presencia que lo invadía. Ahora lo podía contemplar de una forma más clara y pura; sabía que ese era su lugar en el mundo, justo frente a él, donde su alma se despegaba de su cuerpo y se sentía él mismo; sí, con toda la muerte y toda la vida juntas, como echadas en una bolsa.
Su Cristo estaba allí, y él pegadito con su alma…
SOLO EL AMOR PERMANECE.
Simple como en mis escritos, tranquilo como el atardecer,autentico como la vida misma,pero por sobretodo libre, tan libre como lo es amar...
lunes, 5 de diciembre de 2011
viernes, 9 de septiembre de 2011
CAMINO DE REYES
Deseó tener su alma en silencio. Esa mañana había despertado con una lucidez extraña. Quizás porque esa noche había logrado conciliar el sueño que por tantos meses lo había socavado. Escoger un camino le causaba temor, pero había llegado la hora de elegir…
Apoyó lo pies descalzos sobre el piso helado. Se cubrió con una manta y comenzó a apilar la leña para encender el fuego. Afuera estaba nevando y aún no había amanecido.
Tomo una vasija y mezclo algunas hierbas para hacer un brebaje caliente. Cortó unas rodajas de pan, y mientras daba unos sorbos con la taza aun humeando, perdió su mirada a través la ventana.
Volvió a recoger cada una de las palabras que sonaban en su pensamiento… Hasta ayer el exceso de sentimientos lo agobiaba; Pero hoy su inteligencia era fría, podía reflexionar, y sus emociones se manifestaban cada vez más cálidas…
-Todo tiene su tiempo (pensó para sí).
Con la mirada aún perdida preparo el arco y la flecha, heredada de su padre. Afiló sus puntas con agudeza, mientras una lagrima cayo por sus mejillas… Por fin había entendido el verdadero significado del amor: Tolerancia, y buena voluntad;
Esa era la fuerza más potente de todas, pero también la más sensible.
Había llegado la hora de partir y el camino era incierto, pero la paz que sentía le proveía el perfecto equilibrio…
Ciño sus ropas con un cinturón de cuero. Preparo la bolsa con algo de comida y agua ardiente. Las armas estaban listas. Y su generosidad también…
Giró con la envestidura de un guerrero, y de un tirón abrió la puerta de madera que lo aislaba del mundo exterior. El frio se coló por cada uno de sus huesos, pero aun así respiro profundo. Y con un paso álgido y seguro, se planto hacia su destino.
Esa mañana supo que estaba listo.
Apoyó lo pies descalzos sobre el piso helado. Se cubrió con una manta y comenzó a apilar la leña para encender el fuego. Afuera estaba nevando y aún no había amanecido.
Tomo una vasija y mezclo algunas hierbas para hacer un brebaje caliente. Cortó unas rodajas de pan, y mientras daba unos sorbos con la taza aun humeando, perdió su mirada a través la ventana.
Volvió a recoger cada una de las palabras que sonaban en su pensamiento… Hasta ayer el exceso de sentimientos lo agobiaba; Pero hoy su inteligencia era fría, podía reflexionar, y sus emociones se manifestaban cada vez más cálidas…
-Todo tiene su tiempo (pensó para sí).
Con la mirada aún perdida preparo el arco y la flecha, heredada de su padre. Afiló sus puntas con agudeza, mientras una lagrima cayo por sus mejillas… Por fin había entendido el verdadero significado del amor: Tolerancia, y buena voluntad;
Esa era la fuerza más potente de todas, pero también la más sensible.
Había llegado la hora de partir y el camino era incierto, pero la paz que sentía le proveía el perfecto equilibrio…
Ciño sus ropas con un cinturón de cuero. Preparo la bolsa con algo de comida y agua ardiente. Las armas estaban listas. Y su generosidad también…
Giró con la envestidura de un guerrero, y de un tirón abrió la puerta de madera que lo aislaba del mundo exterior. El frio se coló por cada uno de sus huesos, pero aun así respiro profundo. Y con un paso álgido y seguro, se planto hacia su destino.
Esa mañana supo que estaba listo.
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